jueves, 3 de marzo de 2011

In memoriam Fernando Benito Doménech


Otro historiador del arte que perdemos en los últimos meses. El pasado 3 de febrero nos dejó Fernando Benito Doménech, catedrático de historia del arte de la Universidad de Valencia y quien fuera director del Museo de Bellas Artes de Valencia desde 1996 y hasta 2009. Fernando Benito fue el gran dinamizador de esta institución, corriendo a su cargo el proyecto museográfico actual y responsable de la institución en la etapa de mayor proyección científica tanto a nivel nacional como internacional, situándola en las más altas cimas de la excelencia. Trabajador incansable, como todos los discípulos de Alfonso E. Pérez Sánchez, realizó su tesis doctoral bajo la dirección de Antonio Bonet Correa en la Universidad Complutense de Madrid bajo el título Pinturas y pintores en el Real Colegio del Corpus Christi (1980). Tras su exposición Presencia del Renacimiento en Valencia: arquitectura y pintura colaborando con su colega y amigo Joaquín Berchez, reorientó sus pasos hacia el estudio de la pintura valenciana, convirtiéndose en toda una referencia por su capaciad de trabajo y por sus nuevas visiones totalmente reveladoras, renovadoras y ahondando en la personalidad de artistas tan relevantes como Francisco Ribalta. A Fernando Benito se debe el esclarecimiento de toda la órbita de pintores que bajo el entramado de ribaltescos pululaban en el entorno del maestro. La definición de personalidades como Juan Sariñena, Juan Ribalta, Abdón Castañeda o Gregorio Bausá a él se deben en su memorable exposición Los Ribalta y la pintura valenciana de su tiempo que se celebró en 1987 en el Museo del Prado y que viajó también al Spanish Institute de Nueva York al año siguiente. Fundamental en el desarrollo de su carrera fue la asistencia de José Luis Galdón, su ojo prodigioso y su sensibilidad especial lo ayudaron a desentrañar la personalidad del ribaltesco Gregorio Bausá en los hasta entonces anónimos dibujos del Álbum Lassala, pieza clave para entender el mundo ribaltesco. Contribución importante de Fernando Benito fue la del impacto de los modelos de Sebastiano del Piombo en la pintura valenciana. Su huella en Ribalta, ya lanzada en la mencionada exposición, fue mucho más definida en su exposición Sebastiano del Piombo y España que hizo en el Museo del Prado en 1995 junto a Manuela Mena Marqués. A partir de aquí comienza un interés creciente de Fernando Benito por la pintura valenciana del renacimiento. Su primer proyecto a cátedra fue precisamente sobre Vicente Maçip, desentrañando la personalidad del, hasta entonces desconocido pintor goticista Maestro de Cabanyes. No era otro que el propio Vicente Macip antes de conocer los modelos piombescos. Fue precisamente este descubrimiento, trascendental para la pintura valenciana renacentista lo que dotó de cuerpo e impacto la importancia de los modelos italianos. La exposición Vicente Maçip que celebró en el Museo de Bellas artes de Valencia en 1997 fue la materialización de un proyecto de investigación sólido, desgraciadamente hoy cada vez más en desuso en nuestros museos. Le siguió en el 2000 la exposición Juan de Juanes. Una nueva visión del artista y su obra. Para entonces Fernando Benito ya había conseguido formar a un equipo de becarios que más tarde se convertirían en personal científico del museo como José Gómez Frechina, sin duda quien mejor supo asimilar las enseñanzas de su maestro. Su huella se percibe en el otro pilar de su investigación, el de las personalidades de Fernando Yáñez de la Almedina y Fernando de Llanos. La exposición dedicada a estos artistas del renacimiento español que trabajaron con Leonardo da Vinci: Los Hernandos pintores hispanos del entorno de Leonardo, 1998, cosechó las críticas más positivas tanto en España como en el extranjero, siendo calificada como una de las contribuciones más solidas para entender la pintura del renacimiento español de los últimos tiempos. El estudio de las fuentes, los modelos y sobre todo la diferenciación de las personalidades artísticas supuso una auténtica revelación incluso para el público florentino. Fue precisamente Consuelo Ciscar Casabán, Directora de Promoción Cultural la que canalizó con su fina intuición las capacidades de Fernando Benito, formando entonces un tándem gestor cultural-científico provechoso y que se recuerda con verdadera notalgia por los frutos maduros que dio. Aquí precisamente es donde hay que ver dos contribuciones decisivas que debemos a Fernando Benito y al apoyo de Consuelo Ciscar, y es la reconstrucción con los materiales originales del patio renacentista del Embajador Vich integrado para siempre en la ampliación del Museo de Bellas Artes de Valencia. El apoyo por un lado del Ministerio de Cultura y por otro de la Generalitat Valenciana vio cumplido un sueño largamente acariciado por su promotor y que siempre confesó a Pérez Sánchez que era su único deseo como director del Museo de Valencia. El otro fue el conseguir que su amigo y consejero Don Pere María Orts-Bosch donara su importante colección pictórica al Museo. Fue un gesto como pocos se han visto en el territorio español. Y pienso que todavía no se le ha reconocido lo suficiente, ni al promotor ni al donante, pues supone una donación sin precedentes en nuestras instituciones públicas. Sobre todo cuando corren unos tiempos en los que se reconoce socialmente más a los que venden o pretenden vender colecciones que a los que donan por el deseo de dar y compartir con la sociedad lo que con tanto esfuerzo consiguieron. El 9 de octubre de 2007 Fernando Benito fue galardonado por el President de la Generalitat Valenciana con la Distinción de la Generalitat al mérito Cultural. Entre los grandes proyectos que Fernando Benito desarrolló en sus últimos años, antes de que la enfermedad que le acompañaba en silencio truncara su ilusión y sus pasiones, hay que destacar su revisión a la pintura gótica en La clave flamenca en los primitivos valencianos, 2001 y su labor como comisario de la exposición La luz de las imágenes en la catedral de Valencia. Solo los que le hemos acompañado en su trayectoria profesional y personal sabemos de sus anhelos, deseos y frustraciones, además de contradicciones. También de sus alegrías al reencontrarse con amigos del pasado que se fueron para luego volver. Los que se marcharon en algún momento de su vida y no volvieron, sencillamente nunca estuvieron. Descanse en paz.

1 comentario:

Teresa C. S. dijo...

A FERNANDO BENITO DOMENECH, profesor mío en la facultad hace 28 años, le envio un beso.