jueves, 28 de julio de 2011

Vicente Carducho regresa a la Cartuja de El Paular

Día histórico hoy para todos los amantes del arte y especialmente para los que lamentamos el saqueo y dispersión que significó la desamortización de bienes eclesiásticos. De ejemplar puede calificarse la actuación del Museo Nacional del Prado y especialmente gracias al tesón de la jefe de conservación de pintura española Leticia Ruiz que ha conseguido ver su sueño hecho realidad gracias a la ayuda de todo el equipo de restauradores del museo del Prado. La serie que le fue encargada a Vicente Carducho en 1626 para la Cartuja del Monasterio de El Paular en Rascafría (Madrid) ha vuelto a su lugar originario. De los 56 lienzos que pintó Carducho se han conseguido recuperar y literalmente salvar 52 que están expuestos ahora in situ en el lugar del que se arrancaron en 1835 como consecuencia de la desamortización. Estas pinturas que pasaron al Museo de la Trinidad y posteriormente al Museo del Prado, fueron depositadas por diferentes lugares de España dispersándose completamente esta importante serie, y corriendo una fortuna muy desigual por su estado de conservación. En el año 2002 el Museo del Prado decidió proceder a levantar estos depósitos para ir restaurando las obras con el propósito final de su devolución al lugar para el que fueron pintados: La Cartuja de El Paular.




















Todo un ejemplo de lo que se puede hacer cuando es imposible exponer toda una serie en los almacenes de un museo y se devuelve al lugar de donde nunca debía haber salido, cumpliendo con la funcionalidad para la que fue concebida: ser ejemplo de virtud y entrega en la vida retirada. Como ha señalado el Grupo Español de Conservación (http://ge-iic.com) esta aventura comenzó con el libro de Werner Beutler, Vicente Carducho en el Paular publicado en Colonia en 1998, donde ya denunciaba la situación y dispersión de la serie. La recensión de este libro por Alfonso E. Pérez Sánchez en Archivo Español de Arte en el nº 287 de 1999 señalaba expresamente que el libro era "una apasionada llamada a la restauración y exhibición conjunta de la serie desgraciadamente dispersa". El trabajo conjunto del Prado y los restauradores de ROA ESTUDIO S.C. han hecho realidad los deseos de Beutler y Pérez Sánchez.
Hoy además, gracias a la intervención de los citados restauradores, ha sido posible la restitución de los formatos originales de los lienzos rematados en medio punto, pudiendo comprobar en su totalidad la belleza del colorido de filiación toscana y la importancia de Carducho como artista que comienza a inclinarse por el natural, además de ser un magnífico dibujante que sabe expresarse tanto en la retórica de la composición como en el de los estudios de los afecti y en el tratamiento de la naturaleza muerta. Toda una explosión de tipos, modelos y personajes que hoy constituyen una verdadera escuela para el estudio de la pintura madrileña del primer tercio del siglo XVII y del que tanto disfrutarían tanto Diego Angulo como Alfonso E. Pérez Sánchez, estudiosos pioneros en este campo. Ojalá que esta iniciativa sirva de precedente para ir devolviendo algunos conjuntos y series de pinturas que salieron en muchas ocasiones en circunstancias extrañas e irregulares. Los museos también tienen que ser instituciones tan modernas y actuales que devuelvan el sentido común e intenten remediar nuestra infortunada historia enriqueciendo nuestro patrimonio cultural y haciendo actuaciones como la presente que merecerían algo más que un simple titular.

jueves, 21 de julio de 2011

El Descendimiento de Caravaggio de los Museos Vaticanos vino a Sevilla en 1992






Como muchos seguidores de este blog recordarán la primera vez que visitó esta obra maestra de Caravaggio nuestro país fue durante la expo del 92 al Pabellón de la Santa Sede. No es por tanto la primera vez que viene a España. Sevilla fue testigo durante los seis meses que nos visitó esta pintura, no dos como ha sido cedida al museo del Prado ahora, de un conjunto de obras realmente únicas y excepcionales en las que se encontraba también "El Expolio" de El Greco o "El Entierro de Cristo" de Juan de Juni, además de "El Descanso en la Huida a Egipto" de Barocci. Nos felicitamos por tanto que por segunda vez y ahora en el Prado nos visite de nuevo. Durante los seis meses que la pintura estuvo en Sevilla pasaron por el Pabellón de la Santa Sede personas tan importantes para la historia del Arte como Alfonso E. Pérez Sánchez o Julián Gállego. Ahora que la Cátedra del Museo del Prado la va a dirigir Jonathan Brown es realmente importante que se concentre la atención en esta suma de obras de arte en el Museo del Prado en la exposición La Palabra hecha imagen y que el museo, además de ser un centro de investigación, se convierta también en foro de reflexión y análisis con esta muestra. Gracias por estar ahí amigos blogueros.

domingo, 19 de junio de 2011

Descubrir la Alhambra secreta





Uno de los mayores retos de los gestores culturales es conseguir hacer atractiva la visita de los sitios patrimoniales que custodian y sobre todo hacerla accesible al ciudadano, conjugando el interés científico con un registro idiomático adaptado a todos los públicos. Es lo que vulgarmente denominamos divulgar. Lo ideal lógicamente es la alta divulgación en la que reconciliamos a ambos públicos a los que nos dirigimos: el científico y el popular. Esto es precisamente lo que ha conseguido el Patronato de la Alhambra y la iniciativa de María del Mar Villafranca al firmar un acuerdo de financiación con la prestigiosa fundación sin ánimo de lucro World Monuments Found y con la Fundación American Express. Con este acuerdo se consigue crear una aplicación interactiva para poder visitar virtualmente los ámbitos desconocidos de la Alhambra. Aquellos tuneles y pasadizos ocultos al visitante que están llenos de historia y recuerdos, cobran vida gracias a este programa que pronto estará accesible a todos los viajeros. Lo cuenta hoy en un artículo que os recomiendo Borja Hermoso en El País: Historias de una Alhambra escondida. Es una idea brillante porque acerca el patrimonio a todos los públicos consiguiendo reconciliar el deseo de conocimiento de lo desconocido para el investigador y el de aventura para el público profano que descubre así la Alhambra oculta. Una vez más el Patrimonio como objeto de conocimiento y deleite, siendo el beneficiado el propio bien patrimonial que cobra más protagonismo y se hace mucho más accesible para todos.

domingo, 3 de abril de 2011

El proyecto Metropol-Parasol de Sevilla y la Alegoría del Patrimonio


Cuando en 1851 John Ruskin publica Las piedras de Venecia lanza un llamamiento contra las intervenciones que dañan irreversiblemente a las ciudades históricas. Ruskin considera el corazón de la ciudad histórica como un elemento intangible al que hay que proteger porque es el que fabrica en el ideario colectivo la imagen de lo monumental y por tanto de la idiosincrasia de las ciudades históricas de nuestra vieja Europa. Esa capacidad evocadora y ese recuerdo universal que hace que identifiquemos a Londres, París o Roma está en buena medida asociado al entramado urbano y monumental de esas ciudades. Para Ruskin la ciudad antigua es un monumento histórico en sí mismo y se constituyen en la mejor salvaguarda de nuestra identidad. Como recuerda Françoise Choay en su libro Alegoría del Patrimonio, Barcelona, 2007:"Ruskin revela aquí una sensibilidad de visionario en muchos sentidos, sobre todo cuando prevé la estandarización planetaria de las grandes ciudades". Y es precisamente esta estandarización o, mejor dicho, banalización de la cultura, la que late detrás del proyecto Metropol-Parasol que acaba de inaugurarse en el corazón histórico de la ciudad de Sevilla, la Plaza de la Encarnación, en el solar que ocupaba el antiguo convento de la Encarnación demolido en el siglo XIX. Al margen del coste económico del proyecto, que ha significado la misma cantidad que la rehabilitación en Madrid del Palacio de las Comunicaciones de Cibeles como sede del Ayuntamiento, el monumento Metropol-Parasol constata también un deseo de perpetuidad y gloria futura que está más cercano de un espíritu de "eternización del poder" que de modernidad o de goce estético. Ni el Metropol-Parasol ha ejercido influencia ni la ejercerá, y más bien es la consecuencia directa de la filosofía imperante de los continentes sin contenido. Lo más desconcertante es lo fuera de escala que está y lo poco que se inserta en el entorno. Más que redefinirlo lo constriñe aún más. The Guardian señalaba con ironía que las autoridades competentes se vanagloriaban de que era el monumento más grande pegado con pegamento. Esperemos que con el paso del tiempo no termine siendo una ruina de sí mismo. Un ruina contemporánea que perpetúe las ansias de modernidad de una ciudad que quiere huir de su pasado buscando una nueva identidad porque ya no se siente cómoda con lo que es, prefiriendo adentrarse en el espectáculo de lo desconocido.

jueves, 3 de marzo de 2011

In memoriam Fernando Benito Doménech


Otro historiador del arte que perdemos en los últimos meses. El pasado 3 de febrero nos dejó Fernando Benito Doménech, catedrático de historia del arte de la Universidad de Valencia y quien fuera director del Museo de Bellas Artes de Valencia desde 1996 y hasta 2009. Fernando Benito fue el gran dinamizador de esta institución, corriendo a su cargo el proyecto museográfico actual y responsable de la institución en la etapa de mayor proyección científica tanto a nivel nacional como internacional, situándola en las más altas cimas de la excelencia. Trabajador incansable, como todos los discípulos de Alfonso E. Pérez Sánchez, realizó su tesis doctoral bajo la dirección de Antonio Bonet Correa en la Universidad Complutense de Madrid bajo el título Pinturas y pintores en el Real Colegio del Corpus Christi (1980). Tras su exposición Presencia del Renacimiento en Valencia: arquitectura y pintura colaborando con su colega y amigo Joaquín Berchez, reorientó sus pasos hacia el estudio de la pintura valenciana, convirtiéndose en toda una referencia por su capaciad de trabajo y por sus nuevas visiones totalmente reveladoras, renovadoras y ahondando en la personalidad de artistas tan relevantes como Francisco Ribalta. A Fernando Benito se debe el esclarecimiento de toda la órbita de pintores que bajo el entramado de ribaltescos pululaban en el entorno del maestro. La definición de personalidades como Juan Sariñena, Juan Ribalta, Abdón Castañeda o Gregorio Bausá a él se deben en su memorable exposición Los Ribalta y la pintura valenciana de su tiempo que se celebró en 1987 en el Museo del Prado y que viajó también al Spanish Institute de Nueva York al año siguiente. Fundamental en el desarrollo de su carrera fue la asistencia de José Luis Galdón, su ojo prodigioso y su sensibilidad especial lo ayudaron a desentrañar la personalidad del ribaltesco Gregorio Bausá en los hasta entonces anónimos dibujos del Álbum Lassala, pieza clave para entender el mundo ribaltesco. Contribución importante de Fernando Benito fue la del impacto de los modelos de Sebastiano del Piombo en la pintura valenciana. Su huella en Ribalta, ya lanzada en la mencionada exposición, fue mucho más definida en su exposición Sebastiano del Piombo y España que hizo en el Museo del Prado en 1995 junto a Manuela Mena Marqués. A partir de aquí comienza un interés creciente de Fernando Benito por la pintura valenciana del renacimiento. Su primer proyecto a cátedra fue precisamente sobre Vicente Maçip, desentrañando la personalidad del, hasta entonces desconocido pintor goticista Maestro de Cabanyes. No era otro que el propio Vicente Macip antes de conocer los modelos piombescos. Fue precisamente este descubrimiento, trascendental para la pintura valenciana renacentista lo que dotó de cuerpo e impacto la importancia de los modelos italianos. La exposición Vicente Maçip que celebró en el Museo de Bellas artes de Valencia en 1997 fue la materialización de un proyecto de investigación sólido, desgraciadamente hoy cada vez más en desuso en nuestros museos. Le siguió en el 2000 la exposición Juan de Juanes. Una nueva visión del artista y su obra. Para entonces Fernando Benito ya había conseguido formar a un equipo de becarios que más tarde se convertirían en personal científico del museo como José Gómez Frechina, sin duda quien mejor supo asimilar las enseñanzas de su maestro. Su huella se percibe en el otro pilar de su investigación, el de las personalidades de Fernando Yáñez de la Almedina y Fernando de Llanos. La exposición dedicada a estos artistas del renacimiento español que trabajaron con Leonardo da Vinci: Los Hernandos pintores hispanos del entorno de Leonardo, 1998, cosechó las críticas más positivas tanto en España como en el extranjero, siendo calificada como una de las contribuciones más solidas para entender la pintura del renacimiento español de los últimos tiempos. El estudio de las fuentes, los modelos y sobre todo la diferenciación de las personalidades artísticas supuso una auténtica revelación incluso para el público florentino. Fue precisamente Consuelo Ciscar Casabán, Directora de Promoción Cultural la que canalizó con su fina intuición las capacidades de Fernando Benito, formando entonces un tándem gestor cultural-científico provechoso y que se recuerda con verdadera notalgia por los frutos maduros que dio. Aquí precisamente es donde hay que ver dos contribuciones decisivas que debemos a Fernando Benito y al apoyo de Consuelo Ciscar, y es la reconstrucción con los materiales originales del patio renacentista del Embajador Vich integrado para siempre en la ampliación del Museo de Bellas Artes de Valencia. El apoyo por un lado del Ministerio de Cultura y por otro de la Generalitat Valenciana vio cumplido un sueño largamente acariciado por su promotor y que siempre confesó a Pérez Sánchez que era su único deseo como director del Museo de Valencia. El otro fue el conseguir que su amigo y consejero Don Pere María Orts-Bosch donara su importante colección pictórica al Museo. Fue un gesto como pocos se han visto en el territorio español. Y pienso que todavía no se le ha reconocido lo suficiente, ni al promotor ni al donante, pues supone una donación sin precedentes en nuestras instituciones públicas. Sobre todo cuando corren unos tiempos en los que se reconoce socialmente más a los que venden o pretenden vender colecciones que a los que donan por el deseo de dar y compartir con la sociedad lo que con tanto esfuerzo consiguieron. El 9 de octubre de 2007 Fernando Benito fue galardonado por el President de la Generalitat Valenciana con la Distinción de la Generalitat al mérito Cultural. Entre los grandes proyectos que Fernando Benito desarrolló en sus últimos años, antes de que la enfermedad que le acompañaba en silencio truncara su ilusión y sus pasiones, hay que destacar su revisión a la pintura gótica en La clave flamenca en los primitivos valencianos, 2001 y su labor como comisario de la exposición La luz de las imágenes en la catedral de Valencia. Solo los que le hemos acompañado en su trayectoria profesional y personal sabemos de sus anhelos, deseos y frustraciones, además de contradicciones. También de sus alegrías al reencontrarse con amigos del pasado que se fueron para luego volver. Los que se marcharon en algún momento de su vida y no volvieron, sencillamente nunca estuvieron. Descanse en paz.

domingo, 2 de enero de 2011

Matisse, La Alhambra y Sevilla


Emoción. Esa es la palabra que describe el sentimiento al visitar la exposición de Matisse y la Alhambra que se celebra actualmente en el Palacio de Carlos V de Granada. Un proyecto largamente pensado por María del Mar Villafranca y en el gérmen su tesis doctoral sobre los museos de Granada. Con comisariado compartido con el prestigioso catedrático de estética y filosofía Francisco Jarauta. La exposición del libro de visitas de la Alhambra en el que aparece la rúbrica inconfundible de Matisse en 1910 deja testimonio de esta importante visita, y al mismo tiempo de la fuerza y la capacidad evocadora del edificio nazarí, que con sus colores, formas y olores dejaron en la mente de Matisse todo lo necesario para, a los pocos meses en Sevilla, entre 1910 y 1911, pintar sus dos coloristas y explosivos: Sevilla I y Sevilla II, dos naturalezas muertas prestadas por el Museo del Ermitage que dejan prueba y evidencia de lo que le marcaron las telas, los colores, los objetos y la estética nazarí. Y lo mucho que tuvo que ver Sevilla en esa fusión rabiosa y "fauve". Más interesante aún es comparar las dos composiciones idénticas pintadas en competencia por Iturrino en la misma pensión sevillana donde se alojó con Matisse y prestadas por el Museo de Bellas Artes de Bilbao. ¡Que diferencia! Solo la exposición de estas cuatro obras es una oportunidad única y explica lo importante del proyecto y la trascendencia que tuvo Andalucía en la conformación estética del más importante de los pintores "fauve". Una exposición que es mucho más por las obras restantes y que tiene una gran carga emotiva, sentimiental y perfectamente trabada en su discurso. Un cita difícil de olvidar por explicar de forma magistral todo lo que mueve a un artista, todo lo que marca a una persona sensible y todo lo que se llevó en su retina antes de iniciar al año siguiente su viaje definitivo a Marruecos donde las odaliscas terminaron de completar su repertorio estético. Granada y Sevilla como antesala del orientalismo que tanto marcó la pintura de Matisse. Enhorabuena a los comisarios por esta muestra inolvidable que combina una proyecto maduro, científico y sensible, nacido de un sueño: el materializar el impacto de la visita de Matisse a la Alhambra en 1910.